Archivo Abril, 2011

Estudios a la carta, por Alejandro Gándara

Invito a la concurrencia a hacer un programa de estudios en condiciones, más allá de las habituales exhortaciones a la disciplina y el esfuerzo, cualidades que cuando se quedan solas hacen buenos legionarios y gente bien mandada, pero poco más.

Recuerdo que cuando visité el Instituto de Literatura de Moscú en los 90 (un equivalente a una facultad de filología de por aquí), el alumno se pasaba seis meses dedicado exclusivamente a mirar lo que sucedía en la calle y a registrarlo en una libreta. Si el sujeto tenía “mirada” lo aceptaban en la institución y, si no, lo reenviaban a la carrera de economía (digo, por poner un ejemplo de brutalidad y falta de compasión humana). Para mí la asignatura de “mirar” sería obligatoria en toda la Secundaria, en detrimento de las numerosas chorradas que los chavales se ven en la necesidad de aprender para aprobar. (El otro día me contaba un eminente matemático que la mayor parte de esta materia que se da en los programas de ESO y Bachillerato no sirve para nada, ni siquiera para estudiar matemáticas).

Como inspiración, fíjense en lo que estudió Confucio: Ritual, Música, Tiro con arco, Conducción de carros, Escritura y Matemáticas. De tales materias se obtenía la reflexión sobre los siguientes temas: ritos de duelo y sacrificiales; cómo servir a los padres mientras viven; como prestarles servicio una vez fallecidos o cuando se muestran odiosos; cómo decidir quién posee benevolencia y quién agudeza, y si se puede engatusar a una persona benevolente; cómo aprender y qué conocimientos retener; cómo escuchar poesía y qué se debe apreciar en la música; qué hacer si se pudiese seguir un camino propio en el mundo…

Desde luego, mola más que la teoría de conjuntos (que es de coña) o que la gramática generativa y transformacional (que es un cuento pesado). Claro que la educación de Confucio no era una educación para esclavos (también llamados ciudadanos), cuando aquí y ahora de lo que se trata es de producir masivamente buenos esclavos, amedrentados y temblorosos, empavorecidos ante el mínimo cambio de fortuna. Dicho de otro modo, aquí lo que se enseña, so capa de un aprendizaje meramente técnico (académico), es miedo. Y luego, cuando dejas las aulas, los medios de comunicación se encargan de refrescarte la memoria y de que profundices en la asignatura de Terror.

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